Deja los garbanzos en remojo en abundante agua fría durante 8 a 12 horas.
Escurre los garbanzos y ponlos a cocer en agua hirviendo durante 60 minutos.
Pica la cebolleta y los dientes de ajo.
En una cazuela con aceite de oliva, sofríe la cebolleta con un poco de sal hasta que esté transparente. Añade el ajo y cocina unos minutos sin que se queme.
Incorpora el pimentón dulce y una pizca de pimentón picante, removiendo rápidamente para que no se queme.
Añade el tomate triturado, la hoja de laurel y una pizca de sal. Agrega los garbanzos cocidos y un poco de vinagre de manzana, mezcla bien durante dos minutos.
Cubre con caldo de verduras o agua fría y lleva a ebullición. Tapa y baja el fuego para cocer lentamente durante 120 minutos.
A la hora de cocción, añade las patatas peladas y cascadas para que se integren y espesen el guiso. Ajusta la sal y la pimienta negra molida.
Cuando los garbanzos estén tiernos y las patatas casi cocidas, añade las espinacas al gusto. Tapa la cazuela y deja que se cocinen con el calor residual durante unos minutos para que no se pasen.